El frasco de Ainira:
Está diseñado como una pieza de tocador: sereno, redondo y luminoso, con una presencia que no necesita exceso. Su silueta suave se apoya en líneas limpias y proporciones equilibradas, mientras el acabado mate aporta un tacto aterciopelado y una estética “quiet luxury”.
La firma en dorado y el aro metálico del cuello actúan como un destello discreto, evocando la luz cálida del atardecer. Y el tapón esférico remata el conjunto con un gesto elegante: minimalista, sensorial y muy reconocible.
Un frasco pensado para quedarse a la vista. Y para decir, sin palabras, que lo que contiene es especial.



